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El Coleccionista

  • 23 mar 2017
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 14 feb 2021


Paris

Casi todas las personas que conozco, colecciona algo; mi Padre colecciona carros miniatura, tiene de todos los modelos, colores y tamaños los coloca en una repisa donde de vez en cuando va a admirarlos, mi hermano el viajero colecciona parches, va pegando la bandera o escudo de las ciudades que visita en su amada “maleta del viajero campante”. Aunque yo nunca he coleccionado más que recuerdos en mi mente, admito que con algo físico es fácil recordar viejos tiempos. De todos los coleccionistas que he conocido nunca había escuchado de alguien que coleccionara aire, Claude lo hace, tiene mas de cien pequeños frascos de vidrio llenos de “atmósferas momentáneas” guardados con llave en un antiguó, mueble de madera que heredó de su abuela, la misma que le enseñó a coleccionar aire.

Fue después de una cena, cuando los amigos habían partido y por una u otra nos habíamos quedado solos, recogíamos las varias botellas de vino, cuando Claude me confesó su secreto. Me llevó a su habitación donde estaba el antiguo ropero de roble, abrió las puertas y sacó un cajón lleno de pequeñas botellitas de vidrio

  • ¿Pero qué es eso, Claude?

  • Son Atmósferas momentáneas, pequeños frascos de vidrio donde almacenó el aire de grandes momentos en mi vida.

  • Quieres decir ¿Qué guardas aire botellitas de vidrio dentro un armario?

  • ¿Y… Luego qué? ¿Qué haces con ellas?

Pero que hábito tan raro –pensé- Claude está loco.

  • Primero las catalogo por nombre, fecha y color, las guardo en el ropero. (respiro profundo) Y… en ciertas ocasiones por ejemplo; cuando me olvido de la felicidad o quiero recordar algo especifico, selecciono la botella indicada, la abro dentro del ropero y en este pequeño espacio disfruto del pasado en el presente, vuelvo a París cuando quiero o escucho las risas de mi madre en sus tardes tequileras.

Estaba un poco desconcertada, no entendía si bromeaba o lo que me decía era real, lo miraba confundida. Cómo una botella con aire abierta dentro de un armario vacío. podía hacer que él volviera a París o que disfrutara de las risas de su madre difunta hace ya mas de diez años. Sentía que todo era una especie de broma, un juego, así que comencé a reír, pero Claude serio y un poco enfadado, me miró ¿no me crees verdad? Abrió otro cajón lleno de botellas y dijo

-por aquí debo de tener uno que te incluya, podríamos abrirlo juntos.

Un poco desconcertada entre el vino y aquella extraña confesión, conteste

-¡No! será en otro momento, es tarde y tengo que ir a casa.

Tomé mis cosas, salí apresurada y caminé hacia mi casa, pensaba que era imposible. Claude tenia que estar perdiendo la cabeza, él nunca mentía, siempre era sensato pero una botella con “atmósferas” dentro, es lo más ocurrente que había escuchado. Pensé en los recuerdos con olores yo recuerdo a mi abuela cuando alguien lleva su perfume, pero estaba segura de que esas botellas no contenían ningún olor y si lo tenían, lo perdieron con el tiempo y ¿Qué con las risas de su madre? eso sí que era una locura. Al día siguiente entre el trabajo y los pendientes diarios olvidé por completo la noche anterior, hasta que al salir del trabajo leí un mensaje de Claude que decía –12 de mayo 1993 pasa hoy por la noche a casa.- Sentí un escalofrío en todo mi cuerpo al recordar aquel día; habíamos ido al mar.

A medio camino entre el trabajo y la casa quedaba la casa de Claude. Intrigada e indecisa toqué el timbre, tributante subí las escaleras. Llegue al armario donde Claude me esperaba con el frasco en la mano, abrió la botella y yo cerré los ojos, recordé aquel soleado día, las risas con los amigos y las cervezas, respiré profundo como quien respira libre frente al mar deje pasar unos segundos y abrí los ojos tranquila de saber que no era mas que una manera curiosa de recordar momentos especiales, sonreí, tomé mis cosas, me fui dejando a Claude con los ojos cerrados, disfrutando dentro de su armario. Caminaba a casa cuando sentí un salado sabor en mi boca, cerré mis manos; las sentí arrugadas, húmedas, tal como si hubiera estado todo el día en el mar, sin tener claro qué sentía, sonreí.

Pamela Carbajal

Marzo 2016

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